Axl Rose cumplió su rol estelar
Vomitado por Administrator   
domingo, 16 julio 2006
El líder de Guns N' Roses acaparó la atención en un discutible repaso de la trayectoria de la banda 15.328 aficionados siguieron el segundo macroconcierto del Bilbao Live Festival

La nota en: http://www.elcorreodigital.com/alava/pg060716/prensa/noticias/Cultura_VIZ/200607/16/VIZ-CUL-002.html

 

ÓSCAR CUBILLO/BILBAO

 El comportamiento del estelar Axl Rose se juzga como despreciable, pero quizá lo era más antes, cuando triunfó veinte años ha con un listado de canciones entonadas con voz de gallo priápico, calificables cuando menos de vejatorias para la mujer. Hogaño, al buen hombre le tildan hasta de gordo, y no es para tanto. Aquí lo que hay es mucha envidia, cuando una semana buena de Axl vale por toda la vida de la mayoría de los mortales.

La razón de su comportamiento maleducado la sugirió el promotor del concierto: esos retrasos recurrentes, esos paranoicos esquinazos a su legión de fans, esas peticiones caprichosas que todos se apresuran a cumplir, no son más que guiños del artista para vivir del cuento, salir a menudo en los papeles e incrementar el caché amparado por la pelota mediática que persigue a su avión privado, que siempre es un detalle de categoría.

Lo que quizá ya menos conozcan son las exigencias que reemitía por el talkie uno de los seguratas: «El tío viene en limusina escoltada. Quiere el camerino totalmente a oscuras y a ninguna mujer en el pasillo. Y si hay alguna de seguridad, exige que no le mire a los ojos». Buf, esto no lo pide ni Chuck Berry.

El caso es que la culpa es de la peña. Axl Rose vende gato por liebre (sólo canta él, no toca el grupo que le convirtió en estrella) y el público paga por verle, aunque sepa que no será lo mismo. «Yo les vi en el 92. Lo de ahora me da igual», sentenció el guitarrista de los castreños Gramophone Man. Le daba igual, pero pagaba por estar ahí: la organización informó de que a las 23.15, al salir Axl, en Cobetas había 15.328 personas.

Y no se produjo ningún incidente, destaca la promotora. En la hora y doce minutos de retraso que la multitud aguantó con estoicismo sumiso y sin siquiera música de fondo, se elevaron una par de oleadas de silbidos y poco más. De hecho, tan dócil se mostró el respetable que, entre la hora y media de bolo arrancado con 'Welcome To The Jungle' y finiquitado con 'Paradise City', al tal Axl no le arrojaron ni siquiera un katxi vacío.

El concierto discurrió de modo ascendente y no resultó tan horrible como certificaban las crónicas de su reciente visita a Madrid. El tío no conserva la voz aguda de antaño, pero lo más criticable fueron los parones interminables con solos desganados de esos músicos que no dejaban de moverse con entusiasmo. Músicos entre los que destacó, con su pinta de sepulturero del Oeste, el guitarrista original Izzy Stradlin, el único Guns N' Roses que se lleva bien con Axl.

El culmen del encuentro llegó al principio, al quinto tema, cuando repasó su éxito baladístico 'Sweet Child O'Mine'. La amiga del que suscribe se puso a llamar por el móvil a los ex novios y el firmante también recibió dos sms. Uno decía: «esto le gustaría a mi padre». Y el otro: «vaya karaoke». Pero no era para tanto, excepto lo de las largas demoras de relleno para que el líder se escapara para cambiarse de modelito siempre similar al anterior, para inhalar oxígeno y quién sabe para qué más.

Y así siguió, con sleaze rock angelino que no llega a categoría de heavy metal, pianos stonianos, un poco de jazz, cortinillas reggae y pirotecnia explosiva que asustaba a los espectadores. Del resto del oneroso listado nos quedamos con el 'Knockin on Heaven's door' de Dylan (con coros muy afectados) y hits propios tipo 'You're Crazy', 'Live And Let Die', el cañero 'You Could Be Mine' y el baladista y con solo de piano 'November Rain', en el que algunos echaron de menos el punteo de Slash. Ah, y decepcionó a las chicas que 'Don't Cry' sólo se apuntara, sin llegar a interpretarse entera.